Arte en el Final de la Vida
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RELATOS DE VIDA
“RELATOS DE VIDA” (Febrero 2009)
El arte, la escritura y la pasión.
Personaje del mes: Silvana Boggiano.
Escritora. Discípula de Ernesto Sábato. Especialista en Literatura
argentina. Investigadora de tango. Formada en dramaturgia con Ricardo Monti.
Producción: 4 obras teatrales (estrenadas por Gobierno Ciudad de Buenos
Aires).
Novelística:
La Madriguera (1997) -presentada por E. Gudiño Kieffer; E. Sábato
y Ricardo Monti-.
El alumbramiento (2000) – El picaporte (2005)
Actualmente ha terminado su primer libro de cuentos, Cuentos de las sombras
y el ensayo Ciudad oculta, tango oculto.
Dicta cursos y talleres sobre historia del tango.
Desarrolla actividad académica en Creación literaria y Proceso
creativo.
1) Mencione algunos de los valores principales que orientan su vida.
El amor me parece un valor ordenador en mi vida. Seguir esa guía, me
lleva a otros valores: la solidaridad, la ternura, una ética definida,
un posicionamiento político.
2) ¿Ha vivido situaciones límite? ¿Puede mencionar?
La muerte de seres muy querido han sido situaciones límite
3) ¿Qué descubrió en esa instancia?
En la muerte de los seres amados me encontré con mi propia mortalidad
4) ¿La llevó a replantearse su actitud ante la vida?
Absolutamente. Tomar conciencia de mi mortalidad me llevó a replantearme
acerca de mi temporalidad, sobre todo, acerca de la calidad de mis tiempos.
Llevar a la práctica los cambios que respondan a semejante pregunta,
es un quehacer diario en todos los planos o aristas de mi vida.
5) ¿Dedica tiempo a su recreación personal?
Todo tiempo que pueda restarle a mis compromisos horarios lo dedicó al
ocio: leer lo que me gusta, caminar, estar cerca del verde, escribir sin objetivo
literario, ir a recitales, exposiciones de pintura, espectáculos teatrales,
compartir espacios con artistas conocidos y junto a mi pareja.
El arte y algunas actividades cotidianas desaceleran mi caos y me conectan con
la belleza.
6) ¿Qué siente ante el paso del tiempo?
Lo temo cuando me abstraigo y lo pienso, pero en su transcurrir, viviéndolo,
he logrado reconocer sus beneficios: el autoconocimiento que se logra día
a día que uno vive con uno mismo, la afirmación de cosas esenciales
que portamos desde siempre como valores y la adquisición de nuevas experiencias.
Todo eso siento con mayor conciencia desde hace algunos años.
7) ¿Piensa a veces en la muerte? Si fuera así, ¿qué
sensaciones le genera?
Por ahora no la pienso sino que sólo se me impone un sentimiento respecto
a ella: algo me lleva a sentir que la muerte es un cambio más, que de
alguna manera, regresamos.
Desde este lugar, la idea de muerte me acerca a mi parte más expeditiva,
me “pone a la tarea”, al quehacer diario, una forma de ser mejor para cuando
semejante cambio se avecine.
Así, como el paso del tiempo, la idea de muerte a veces me atemoriza
y otras, impulsa mi universo. En ambas instancias me siento más humana
que nunca.
Siddhartha, de Herman Hesse (fragmento adaptado)
Contexto:
Siendo joven, Siddhartha se embarcó para iniciar un viaje espiritual.
Tuvo gran variedad de experiencias durante ese tránsito, entre ellas,
el encuentro con el Buda.
Vasudeva era quien conducía la barca y con quien Siddhartha se topó
en el inicio de ese periplo. Años más tarde se reencontraron.
El hombre no lo reconoció pero inmediatamente Siddhartha le hizo acordar
aquel primer encuentro. Aquel lo saludó generosamente y le preguntó
qué había sido de su vida desde aquella vez en que se vieron por
última vez.
?
Cuando llegó al embarcadero, Siddhartha halló el bote listo y
vio en él al mismo barquero que una vez lo condujera a la otra orilla.
Siddhartha lo reconoció. El hombre estaba envejecido.
El barquero contempló largo rato al forastero con aire indagador.
- Ahora te reconozco.
- Me llamo Siddhartha…
- Seas bienvenido, Siddhartha. Mi nombre es Vasudeva.
*
Más tarde, cuando el sol comenzaba a ocultarse, se sentaron en un tronco
caído, al costado del río y Siddhartha le contó sobre su
origen y su vida. La historia terminó avanzada la noche. Vasudeva escuchó
todo atentamente: los orígenes y la infancia , su aprendizaje, sus estudios,
sus búsquedas, alegrías y pesares..
Una de las grandes virtudes de Vasudeva era su capacidad de saber escuchar como
pocos. Sin decir palabra, Siddhartha tenía la sensación de que
Vasudeva tomaba cada palabra, serenamente, abierto, sin perder detalle, ni mostrar
impaciencia; se limitaba a escuchar sin decir ni alabanza ni censura sobre lo
que oía. Siddhartha sintió placer de tener tal oyente a quien
le podía verter en su corazón la propia vida, con sus vacilaciones
y penas (…)
-Te lo agradezco -replicó Siddhartha- por haberme escuchado con tanta
atención. Son raras las personas que saben escuchar de verdad y hasta
ahora no había encontrado a nadie que lo hiciera como tú. Esto
también lo he de aprender de ti.
-Lo aprenderás pero no de mí. El río me enseñó
a escuchar; de él lo aprenderás tú también.
Mira yo no soy ningún sabio, sólo sé escuchar y ser piadoso:
es todo lo que he aprendido. No soy más que un barquero, mi tarea es
cruzar gente de una orilla a la otra.
Una vez más, Siddhartha se sentó junto a aquel viejo hombre y
lentamente comenzó a hablarle. Lo contó lo que nunca había
dicho antes a nadie: su ida a la ciudad, su sufrimiento por la distancia de
su hijo, su envidia ante los padres felices y lo absurdo de ese deseo suyo.
Le contó muchas cosas, aún aquellas más dolorosas; pudo
revelarle todo.
Mientras hablaba y Vasudeva lo escuchaba con rostro sereno, sintió que
el barquero seguía sus palabras con más atención que nunca,
sintió que sus dolores e inquietudes, así como su esperanza fluían
hasta el anciano para regresar a él. Mostrar su dolor a un oyente como
Vasudeva equivalía a lavarlo en las aguas del río (…)
Cuando terminaron la conversación, Vasudeva dirigió su algo debilitada
mirada hacia él. No hablaba pero su rostro irradiaba silenciosamente
amor y serenidad, comprensión y sabiduría. Le tomó la mano
a Siddhartha, lo condujo a la vera de río y se sentó junto a él
sonriendo ante las aguas.
Comentario:
Integrando la ciencia y el arte. Isabel Del Valle
Tal vez este fragmento de la novela de Hesse nos transporta al mundo de la palabra
y el silencio comprensivo.
Escuchar al otro implica reconocerlo como quien es: un sujeto con su propio
mundo interno, con sus riquezas, necesidades y sentido.
Así desde un inicio lo demostró Vasudeva, cuando llamó
a Siddhartha por su propio nombre.
En su sola mención cabía el reconocimiento del otro como autor
de su propia historia, singular, única.
Además, Vasudeva, como buen conductor de hombres, sabía invitar
al encuentro. Ambos se sentaron cerca y la proximidad interna pronto se hizo
lugar entre ellos.
Siddhartha se sintió recibido sin juicios ni condicionamientos. Percibió
que Vasudeva no solamente lo escuchaba sino que aprehendía el sentido
más hondo de lo que él le estaba diciendo, y quizá, más
importante aún, también de aquello que no le llegaba a decir.
Entre ambos, la percepción vivencial del otro pudo más que cualquier
discurso.
En esa escucha receptiva, Siddhartha se sintió seguro y aceptado.
Hacía años que el anciano escuchaba el relato de aquellos hombres
a los que transportaba de una orilla a la otra en su barca.
Había aprendido a reconocer mensajes en los rumores del agua.
Había aprendido también que no siempre la palabra sabe hablar;
hay ocasiones en que el silencio es la mejor versión de nuestra voz y
el mejor recurso emocional de contención y comprensión del quien
padece.
Su interés genuino en el otro, su serenidad, su tiempo para comprender
el sentido de la vida ajena, el respeto del silencio, su aceptación no
crítica le permitieron desarrollar su arte.
Una vez más, se había sentado con ese deseo de embeberse del otro.
Cuando Siddhartha terminó de hablar, el barquero le tomó la mano.
En ese acto le transmitió su comprensión y empatía.
La palabra prudente o el silencio comprensivo construyen puentes entre esos
dos mundos de vida, puentes resistentes al musgo del tiempo.
Todo tránsito conlleva mensajes. Algunos explícitos, otros, velados.
Y la tradición nos muestra que todo cruce de fronteras se realiza acompañado
de un tercero. Aquel, que de alguna manera, nos sostiene en el tránsito.
Siddhartha, Vasudeva y el agua son una metáfora de ese reconocimiento
comprensivo donde la ciencia y el arte se articulan en la relación empática
que nos sostiene en el cruce de orillas.
Una forma de honrar al otro, como Vasudeva supo honrar a Siddhartha.
(Septtiembre 08)
EL arte, la música , la creación
Personaje del mes : Juan Vattuone.
Mi nombre es Juan Vattuone. Tengo 58 años. Soy cantautor, actor, monologuista.
He grabado un CD "Tangos al mango" y estoy grabando el segundo, que se llama Símilis. Hice músicas para cine, teatro y televisión. Desde hace dos años, apadrinado por Horacio Ferrer, creé el ciclo -Ciudad Oculta-, que nuestra el tango actual, sus mixturas, sus compositores y autores.
Participo, desde su creación, en el Festival Buenos Aires Tango, como cantautor.
-Mencione algunos de los valores principales que orientan su vida.
El amor, la familia -mi mujer, mis hijos-, los amigos, la música.
-¿Ha vivido situación límite? Puede mencionarla?
Sí, mi diabetes insulinorequiriente. En el año 80, producto de un shock emocional, estuve internado durante tres meses en el Hospital Rivadavia. Pasé por terapia intensiva, con 9.82 de glucosa en sangre y con secuelas irreparables.
-¿Qué descubrió en esa instancia?
Primero, que no es tan fácil morir.
Segundo, que no estaba preparado para recibir semejante cambio de hábitos como el que trae la diabetes.
Tercero, que la vida se puede perder en cinco minutos. Y por último, que recibí mucho más amor que el que hasta ese momento, yo estaba dispuesto a dar.
Conocí a la muerte de cuerpo presente. En una noche, de madrugada, jugué al truco con ella, y en la última mano, recibí el as de espada. Y vi desde la ventana alejarse por la calle Las Heras, frustada y cabizbaja, a mi propia muerte.
-¿Lo llevó a replantearse su actitud ante la vida?
Sí. Comencé a valorar a las personas por lo que son y no por lo que tienen y a verme de otra manera. Estaba acostumbrado a decir " soy diabético". Aprendí que "tengo" diabetes. Yo soy más que una enfermedad, por dolorosa que sea. Aprendí a no luchar contra la enfermedad, sino a convivir con ella. Esto no fue sencillo ni fácil: dejar de lado la mayoría de las cosas que me dañaban a mí y a las personas que me amaban.
-Dedica tiempo a su recreación personal?
La música me acompaña desde los cuatro años. Indudablemente, es un placer tan inexplicable, tan enorme y tan cotidiano para mí, que mi recreación pasa más por ver a mis seres queridos, por estar cerca de ellos, por escucharlos, por saber qué les ocurre y ser solidario en cada una de las circunstancias que me tocan vivir. Soy agradecido a la vida que me ha dado la música como medio de vida. Para otros puede ser un hobbie, y para mí es un compromiso eterno conmigo y con mis semejantes.
-¿Qué siente ante el paso del tiempo?
Tengo la suerte de haber quemado las etapas una a una en su justa medida. No me preocupa demasiado el paso del tiempo.
-¿Piensa a veces en la muerte? Si así fuera, ¿qué sensaciones le genera?
Muy pocas veces. Pero, cuando aparece, tiene más que ver con la muerte de los seres que amo y no tanto con la mía. Pero si de la mía se trata, recurro a mi reserva espiritual, y renazco, como ave fénix.
"Yo, que soñaba con los peces de colores,
y le creía a la gente, igual que vos,
y me golpearon, como al Cristo de la Biblia
haciendo añicos la esperanza y mi ilusión.
Y no escarmiento, a pesar de las trompadas
nunca mi cara la sonrisa disipó.
Soy ave fénix que renace a cada rato
en el asfalto de mi vijo corazón."
(tango de mi autoría "Peces de colores".)